Mi esposa sospecha que le oculto algo.
La conozco bien y sé qué es lo que piensa. He estado varios años observándola y ya no puede ocultarme nada. Intentará algo. Intentará hacer que Azim vuelva, el Azim fremen que ella conoció. Pero ella desconoce los efectos secundarios de ello.
El día que él llegó a mi realmente estaba apunto de morir. Una enfermedad grave como la suya era difícil de curar. Pero yo sí que pude. Durante días y días permaneció sin conocimiento, mientras yo le suministraba tratamiento médico. Recuerdo todavía el último día en el que despertó: Abrió los ojos de par en par y luchó para moverse, pero entre su debilidad muscular y que estaba atado, quedó en un leve tambaleo. Sus ojos, muy abiertos, se clavaron en mi. Le sonreí cortésmente e intentó moverse de nuevo, bruscamente. Quería luchar contra mi.
-C… cabr….. cabrón…-susurró, lleno de ira.
-¿Por qué tan airado, Azim?-pregunté, manteniendo la calma.
-¡¿Qué le has hecho?!-Vociferó, intentando moverse aún. Nunca, nunca se rendía.
-¿A quién?-pregunté, haciéndome el despistado.
-¡Ilysse! ¡A ella y al bebé!
Aún en aquella situación… Un sujeto realmente interesante el Fremen de nombre Azim, realmente estoy contento de haberlo elegido a él y no a Ray. Continuó intentando moverse durante algunos minutos, finalmente me acerqué a él y clavé mis ojos en él, mientras me quitaba las gafas.
-Viven.-respondí.- tanto uno como el otro están sanos.
Noté que se aliviaba, se le veía feliz. A pesar de estar tan agotado, sentirse tan mal y estar en mis manos, estaba feliz. Sólo porque ellos estaban bien. “Johann Harkonnen es un hijo de puta”. Sí, es cierto. Pero realmente mi pobre madre no fue la culpable de mi actitud actual. No. El culpable fue el desgraciado de mi padre. Si no hubiese sido por él, quizá yo hubiese sido algo parecido a Azim. No la hubiese perdido. Yerik posiblemente no habría muerto. No me encontraría en Dune, o al menos de esta manera.
Pero ya da igual. Johann Harkonnen continuará siendo un cabrón. Más ahora que nunca. Porque ya no hay límites emocionales.
-Pero tú…-dije, con suavidad.- … vas a desaparecer. Azim el fremen no volverá jamás.
-¡¿Cómo dices?!
-Eres el sujeto experimental que siempre quise. Te convertiré en lo que deseé.
-¡No pienso dejarte!
-Desafortunadamente para ti… esto ya no es decisión tuya.
****
Miraba al techo fijamente, mientras recordaba todo aquello. Aún entre mis manos habían algunos papeles sobre los experimentos hechos sobre Rose. Me levanté y caminé lentamente hacia la mesa, dejándolos allí. Finalmente yo vencí a perseverancia de Azim. Su mente fue mia. Su libertad y también su vida. Fue moldeado desde cero, para ser quien yo quisiera que fuera.
No sabía muy bien cuanto tiempo había estado trabajando en Rose y cuanto tiempo recordando anécdotas del pasado, aún así el tiempo había sido igual de inútil en un aspecto como en otro. Datos del pasado que siempre están muy presentes en mi mente. Datos en lo referente a la estructura cerebral del Rose, aparentemente modificada.
Aún así, cuando estaba a punto de comenzar de nuevo las investigaciones sobre Rose, algo me vino a la mente. “La fiesta Corrino”. Aún tenía muchas cosas que hacer en cuanto a eso. Así pues, salí del laboratorio llevándome conmigo varios papeles. Debía ser muy tarde o, muy temprano, dependiendo del punto de vista que se utilizara. Cuando pasé cerca de la habitación de Ilysse oí un quejido y me detuve en seco, mientras mis ojos continuaban mirando al frente. Poco después, de nuevo, la oí. Parecía estar llorando. Ladeé un poco la cabeza hacia la puerta, toqué suavemente y al no recibir respuesta abrí lentamente. Todo, como en el resto de aquel lugar, estaba a oscuras. Pero pude distinguir su figura en su cama. Boca abajo, aparentemente dormida pero llorando. Me acerqué levemente, con cuidado, dejando por el camino sobre una mesa los papeles que había estado llevando durante todo el camino. Cuando llegué a su altura, me agaché y comprobé realmente que estaba dormida. Pero aún así, lloraba. Extendí mi mano y quité algunas lágrimas con suavidad, realmente no quería que despertase. Ilysse abrió los ojos muy pesadamente, y me miró, luego volvió a cerrarlos, y se limpió el resto de las lágrimas.
-Johann... ¿qué hora es?-
-Muy temprano.-me limité a responder, yo tampoco lo sabía.
-¿Por qué has venido?- sollozó.
-Te oí llorar.-Respondí, mientras me mantenía en la misma posición.- ¿Qué ocurre, Ilysse?
-Nada... simplemente, me siento mal.-
-Ilysse, no eres alguien que llora por nada.-contesté, posiblemente la preocupación se dibujó en mi rostro.
-Te echaba de menos... supongo.- susurró agarrándome del brazo y aferrándose a él.
Con el brazo que tenía libre la hice más hacia mí, abrazándola fuertemente. Sabía que a Ilysse le afectaba la situación, sin embargo, por mi parte no había estado lo atento que debiera y ahora ella había recaído en los recuerdos. Si pudiera ayudarla, lo haría. Pero creo que me odiarla toda la vida por hacerlo.
-Siempre me has tenido junto a ti, Ilysse.-respondí.
-Lo sé Johann, y te lo agradezco, no sé si hubiera podido soportarlo sin ti...-
-Claro que hubieras podido.-Comenté, animadamente mientras continuaba abrazándola.- Eres una mujer muy fuerte.
-Eso ha cambiado Johann, y lo sabes mejor que nadie. Si, antes era invulnerable, pero esa fortaleza ha desaparecido... ahora me siento la persona más débil del mundo.- respondió con tristeza.
-¿Qué ha pasado?-pregunté suavemente.
-Tú lo sabes, él... él no me recuerda.-
-Te dije que intentaras olvidarle.-Recordé, clavando mis ojos en ella y haciendo que me mirase.- Es imposible que pueda recordarte. Las conexiones cerebrales que mantenían sus recuerdos desaparecieron. Lo siento mucho, Ilysse.
Ella me miró con dureza, y clavó sus uñas en mi chaqueta.
-Maldición...- masculló. -¡¿Por qué no puedo olvidar?!-
-Porque no lo intentas con la suficiente fuerza.-Respondí.- O no hay alguien que te haya podido ayudar a olvidar.
-¿Alguien que me ayude a olvidar?- agachó la cabeza y noté cómo se relajaba dejándose caer hacia atrás. -No sé si existirá esa persona.-
-Yo podría intentarlo.-Indiqué, mis ojos recorrieron la habitación.
Ilysse volvió a incorporarse y me sujetó nuevamente, acercándome mucho más.
-¿Tú?- ironizó. -Pero si nunca estás conmigo. Tu vida es el laboratorio.- murmuró sin dejar de mirarme atentamente.
-Si bien es cierto que he estado muy ocupado con el laboratorio...-comenté mientras mis ojos iban hacia ella de nuevo.- Siempre estuve cuando me necesitaste, cuando me llamaste. De ahora en adelante no será necesario que solicites de mi presencia. Estaré contigo más a menudo.
-Johann, no me abandones... no me olvides nunca...- comentó con tono de súplica, reflejando preocupación en su mirada.
-Jamás.-Me limité a responder, luego acaricié suavemente su rostro y le sonreí, de manera que le diese confianza.
Ilysse entrecerró los ojos, y sin decir nada, volvió a recostarse, esta vez llevándome con ella, de manera que quedé encima suya. Apoyé bien mis brazos, para asegurarme de que no la aplastaba con el peso de mi cuerpo y la miré mientras continuaba con los ojos cerrados. Era una mujer bastante interesante. A pesar de aparentar ser fría, cruel y manipuladora... No lo era. Más bien se trataba de una niña. Sólo quería que el hombre al que quería fuese capaz de amarla y recordarla. Eso ya no es posible. Con un dedo quité un mechón de su cabello que estaba en medio de su cara y continué mirándola.
Ilysse cogió mis gafas, y las colocó sobre una mesilla, luego me haló, pegándome más a ella. A pesar de que estaba tan pegado a ella y, por lo tanto, había limitado mis movimientos conseguí hacerla girar. Yo quedé debajo de ella y ella me miró, incrédula. Creo que no se dio cuenta de cuando había acabado sobre ví. Acaricié su cabello y le sonreí. Entrecerró los ojos y también me acarició.
-Johann, ¿por qué quisiste convertirte en mi marido?- preguntó de repente.
-No podía dejarte sola.-respondí.
Pareció sentirse mal y estiró los brazos, cerrando los ojos con fuerza y quedando mas alejada de mi.
-¿No te complace la respuesta?-pregunté, con los ojos entrecerrados.
Negó con la cabeza.
-Necesito... cariño.- respondió abriendo los ojos.
-Por mi parte lo tendrás.-Dije, acariciando su cara suavemente, para luego hacerla acercarse más a mi.
-Johann... necesito que me ames...- susurró.
Me incorporé levemente, haciendo desaparecer la distancia que había entre ambos. La besé, suavemente al principio y luego de una manera que le pudo parecer apasionada. Me dejé caer de nuevo en la cama y la llevé conmigo, mientras acariciaba su cuerpo. Ilysse permaneció quieta durante unos segundos. Luego se dejó llevar por la pasión y correspondió a mi beso con mucha pasión. Luego comenzó a despojarse lentamente de la única prenda que llevaba, mientras seguíamos acariciándonos.
+++++
Era muy de mañana, cuando desperté. Continuaba en la cama de Ilysse y ella estaba abrazada a mi, dormida. Mis ojos de nuevo recorrieron la habitación. A pesar de que aquello había sucedido ya varias veces, nunnca había amanecido en su habitación. La hice más hacia mi, abrazandola mientras miraba al techo.
-A...- murmuró en sueños. De repente despertó, y me miró con sorpresa. -¿Johann?
-¿Hm?-respondí, mirándola a los ojos.
-¿Qué... tú aquí?- sonrió extrañamente.
-¿No te acuerdas?-pregunté, llevando mis ojos al techo.
-No lo digo por eso.- volvió a reir. -Nunca te quedas.-
Apartó la sábana que me cubría y empezó a acariciarme. Parecía más tranquila, después de todo.
-Te dije que estaría más contigo, ¿no es cierto?-respondí, con mi mano entre sus cabellos.- Soy un hombre de palabra.
-Gracias Johann, me gusta estar en tu compañía.-
-A mi también me gusta estar contigo.-Respondí, sonriendo suavemente.- Pero... creo que deberíamos partir hacia Kaitan.
Ilysse se sobresaltó, y quedó sentada en la cama. Sin darse cuenta, la sábana se le había caído, y permanecía desnuda.
-¿No lo recordabas?-pregunté, sentándome.
-¡¿Qué hora es?!- preguntó volviéndose hacia mi.
-Ocho y media.-respondí, mientras arqueaba la ceja y sonreía.
Ilysse me imitó y arqueó una ceja, entonces se dió cuenta de su situación, y se puso en pie enseguida, tapándose con toda la sábana...
-Si estabas muy bien así.-comenté, tirando de la sábana, quedándome con la mitad. Ilysse tiró nuevamente de la sábana, quitándomela, y alejándose con ella, para que no pudiera alcanzarla.
No pude evitar sonreirle, recuperé mi ropa, me vestí y cuando iba a marcharme, ya que debía prepararme para la fiesta Corrino, me giré burscamente hacia ella y la besé de improviso. Por un momento, abrió los ojos sorprendida pero luego se dejó llevar. Poco a poco, fui retrocediendo y luego le di un tirón a la sábana, quedándomela. Tomé los papeles que había dejado al entrar y comencé a caminar hacia la puerta.
-¿Salimos dentro de una hora?-pregunté, divertido.
-Serás....- refunfuñó. -Lo intentaré.- dijo avanzando hasta mi, extendiendo la mano para que le devolviera la sábana.
-Ha, há.-negué con la cabeza, mientras la ponía más alta, de tal manera que ella no pudiera llegar.- Venga, Ilysse.
-Está bien, quédatela, creo que me quedaré así, estoy mucho más cómoda.- caminó hasta la cama, y se sentó se manera insinuante, cruzando las piernas. -¿Qué te parece si voy así a la fiesta?- sugirió.
-Hm...-Quedé pensativo por unos momentos, luego no pude evitar reir.- Serias el centro de atención, sin duda.
-Lo seré igualmente.- espetó.
-También es cierto.-comenté, apoyándome en la pared.- En realidad no sé porqué tengo que ir. Realmente nadie me conoce como "el barón" y lo único que oiré será: "Doctor, tengo una dolencia en la espalda. ¿cree usted que es grave?", "Doctor, mis ojos se secan demasiado. ¿Estaré enfermo?" Doctor, doctor, doctor...-Me encogí de hombros.
A ella debió parecerle muy gracioso, pues no paraba de reirse. Se llevó una mano a la boca, se levantó, y caminó hasta donde me encontraba.
-No te preocupes, no me separaré de ti, y todos sabrán que eres el barón, iré de tu brazo, ¿no demuestra eso tu posición?
-Posiblemente.-Asentí, luego acaricié su rostro suavemente y le sonreí.- En fin, tengo que irme. Tengo que prepararme para la fiesta. ¿Entonces dentro de una hora?
-Johann... si no me la das, será dentro de 2...- murmuró agarrando la sábana para que se la devolviera.
-A mi no me importa llegar tarde.-Comenté, sujetando la sábana aún sin hacer fuerza.
-¿De verdad? Entonces supongo que no te importará que en lugar de 2 horas, sean 3... o tal vez 4... -dijo halando de la sábana, obligándome a caminar hacia ella.
-Como si no aparecemos.-Comenté, ahora sí tirando de la sábana y haciendola hacia mi.- ¿Hm?
Ilysse sonrió pícaramente, y me besó son delicadeza.
-Johann, no me hagas esto, quiero ir...-
-¿Por qué? Estará lleno de nobleza estirada.-Respondí.- Y aburridos, siempre hay que decirlo...
-A mi siempre me ha parecido una reunión interesante y divertida... venga, dámela.-
-Una hora, Ilysse.-Comenté, mientras abría la puerta sin que de diese cuenta, la miré a los ojos y me escabullí del cuarto con la sábana.
Miré aquel trozo de tela. ¿Por qué me había esforzado tanto en jugar con ella con eso? Podía habersela tirado por encima, dejarla tranquila y ya está. Pero... En fin, acabé llevandomela conmigo. Media hora después, ya me había aseado, peinado y vestido para la ocasión. Me miré al espejo y puse cierta cara de desagracio, que enmascaré rápidamente con una sonrisa.
-Como en los viejos tiempos.-comenté, luego volví hacia la habitación de Ilysse. Toqué dos veces, no más.
-¡Aún no estoy!- se escuchó desde el otro lado.
-Estarás preciosa con lo que sea.-Dije, apoyado en la pared.
-¿Tu crees?- preguntó entreabriendo la puerta, desnuda todavía.
-Ajá.-respondí, divertido.
Ilysse me miró de arriba a abajo, y me agarró obligándome a meterme dentro de su habitación.
-Johann, no debiste venir a buscarme... no así.-
-¿Ah? ¿Por qué?-Pregunté, mientras me apoyaba en la puerta.
-No me preguntes y espérame fuera... o terminaré por no ir...-
-Está bien.-respondí, mientras me hacía el pelo hacia atrás y salía, volviendo a apoyarme en la pared cercana de la puerta.
Después de tres cuartos de hora más, salió Ilysse con un vestido largo, bastante insinuante, de color violeta. Llevaba el pelo suelto, peinado hacia un lado.
-¿Estoy bien así?- se colocó delante de mi, y dió un par de vueltas.
-Estás preciosa.-respondí, sonriendo suavemente.
-Vamos entonces.- dijo cogiéndose de mi brazo.
Asentí con la cabeza y nos dirigimos hacia la nave que nos llevaría Kaitan. Algunos criados ya nos esperaban allí, por lo que muy poco después ya estábamos de camino.
Johann volvió al desierto a las 7:38 p. m.
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