jueves, julio 19

Mi jefe se habia marchado a su refugio así que tenía que hacer tiempo, decidí ir a mi refugio tambien, así visitaba a Zahled y tambien... el altar de mi familia.
Me dirigí hacia allí y entré.

En el refugio todo el mundo me saludaba, pero yo buscaba a Zahled con la mirada. De repente se abalanzaron sobre mí.
-¡¡DIIIIIIIIIIIIZ!!-gritaba zahled encima mío.
-¡¡Zahled!!-dije yo sonriendo.-Me estas chafando...
-Perdona.-dijo el levantándose y ayudándome a que me levantara yo.-¡Ya te estaba echando de menos!
-¡¡Y yo a tiii!!-dije abrazándole fuerte.-¿Me acompañas a ver a...?
-Sí sí claro... vamos.

Fuimos a ver el altar de mis padres, cayeron algunas lágrimas pero tenía que ser fuerte y no podía dejar que eso me hundiera para toda la vida.
Un rato despues me dispuse ya a marcharme, tenía que volver a la ciudad por si Azim regresaba.
-¿Ya te vas?-me dijo Zahled apenado.
-Sí, tnego que volver.
-Pero Diz... acabas de llegaaar-se quejó.
Lo abracé y sonreí.
-En cuanto pueda vuelvo, lo prometo.
-Vale pero ten cuidado ehhh no quiero que te pase nada, eres mi mejor amiga.-dijo el abrazándome tambien.
-Prometido.

Volví a la ciudad, caminaba por las calles y fui a casa, allí estaba Nazira y su hija Dizliz. Nos sentamos a hablar cuando aporrearon la puerta. Era el marido de mi amiga Nazira, que venía arrepentido por lo sucedido unos dias atrás, nazira y él hicieron la spaces así que decidieron volver a casa todos juntos.
Yo sabía muy bien que Nazira aún sentía algo por Azim, peor lo mejor para ella era estar con su marido.

No podía dormir, así que decidí salir a dar una vuelt apor la ciudad, no había mucha gente, de repente alguien me llamó.
-Tu eres Dizliz, del refugio del Noreste ¿verdad?-dijo un tipo con el pelo largo y rizado y un traje negro.

Harkkonen...

-¿Quien eres?-Espeté.
-No seas tan brusca mujer, soy la persona que te hizo el favor más rande del mundo.
-¿De que hablas?-dije comenzando a enojarme.
-Me llamo Gustave Kristoff, soy un general Harkkonen.

En ese momento las imagenes de la tumba de mi familia pasaron por mi cabeza.

-¿Que quieres?-dije mirándole frunciendo el ceño.
-Que me des las gracias.
-¿Por que habría de hacerlo?
-Por librarte de toda esa família tuya tan cansina.

El corazón me dió un bote.

-¿Como as dicho?
-Si mujer... yo ordené que atacaran el refugio del Noreste, y me encargué personalmente de tus papaitos y de esa preciosidad, Lysha.-Dijo sonriendo con suficiencia.-Se llamaba así ¿no?
-Tú...-la sangre comenzó a hervirme.
-Tendrías que haberles oído, llorando mientras yo les iba haciendo cortes por el cuerpo...
-Basta...
-¡¡Dizliz Dizliz AYÚDAME!!-dijo búrlandose.-Eso decía tu hermana.
-Cállate.-susurraba. La ira comenzaba a poderarse de mi.
-Ah y tenías que ver como lloraba, y como teñía su sangre esos ojos suyos tan azules...

De repente no pude controlarme más y lo cogí por el cuello.
-¡¡HE DICHO QUE TE CALLES!!
-¿Me vas a pegar?-decía el Harkkonen con una risa malévola en los labios.
-No... Voy a matarte.-dije con un tono gélido.
-No puedes, no tienes valor... eres una cobarde que no fue capaz de ayudar a su família cuando mas la necesitaba.

Sin poder controlarme, saqué mi cuchillo de diente de gusano y se lo puse en el cuello.

-No digas ni una palabra más.
-Esta bien, tranquila tranquila, solo bromeaba, además yo tenía que cumplir ordenes.-dijo el Harkkonen asustado.
-No me importa.
-Por favor Dizliz, si no atacaba el refugio me mataban a mí...
-Me da igual.
-Dizliz te lo suplico, perdóname la vida, tengo hijos. ¡¡dos hijos pequeños!!
-Pues que sufran... como he sufrido yo.
-No Dizliz, piensa ne mis hij...

No pudo acabar la frase, pues le había clavado el cuchillo en la garganta. El harkkonen cayó al suelo y comenzó a agonizar. Pensé en acabar con él para que dejara de sufrir, pero era tal la rabia que sentía, que deseaba que sufriera lo máximo posible, así que me quedé de pié mirándole mientras agonizaba hasta que dejó de moverse.
Me quedé ahi parada mirándo su cadáver, de repente pensé en lo que acababa de hacer, yo no era así, mataba a los harkkonen, sí,m pero no así, infdefensos, sin darles oportunidad de pelear y mucho menos les dejaba agonizando hasta que no soportaran más. Eso no era propio de mí...

Comencé a andar por las oscuras calles de la ciudad.


Pero... ¿Qué he echo?

*OUT* Post de Dizliz, que ha perdído el control, pero era comprensible ¿no? espero que os guste, besitooos *OUT*





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